-Resulta que me perdí.
Entre gatos que parecen señores -désos señores que me pueden-, que se van para no volver.
Y un señor-
désos que me pudo- grácil, ágil como un gato, de aspecto taciturno y modales a la par de sus pintas, porque estaba sordo-un poco-. Lindo, sí; tan lindo. Siempre en blanco y negro; no por sus gustos, si no por su época.
De talento único, imitado por muchos. De un humor incomparable, como su eterno silencio. Porque se fue hace tanto, tanto...
Y me duele porque vivo una y otra vez lo mismo.
Nuevamente, perdida. Totalmente perdida, atrás de alguien que
ya no está.
Y los que están, pidiéndome que me encuentre.
Deberían venirme a buscar, porque yo... ah. Yo ya me perdí con gusto, y hace tiempo.